martes, 15 de mayo de 2007

Un peludo rescate (Parte II)

La hora pasaba y no había luces del hurón con estilo. Víctor, el vecino nuevo, cooperaba con la búsqueda con mucho interés y precisión, tanta que 83 empezaba a sospechar que tenía algo que ver con el secuestro. De todos modos prefirió tenerlo cerca por si cometía algún error que lo delatara... según ella, porque yo creo que el asunto es netamente hormonal.

En fin, la hora pasaba como por acto de magia, y nada con el hurón. Leeloo se maquillaba y desmaquillaba (es que se le corría el maquillaje) entre llantos desesperados esperando noticias; los invitados empezaban a llegar y todo se desmoronaría si 83 no obtenía resultados pronto. Había enviado a Ultravati (su quiltro) en misión, pero este también había desaparecido... las cosas se le escapaban de las manos y el asunto se volvió personal.

Decidió calmar la mente “es lo mejor en estos casos” pensó, y se fue al rincón de siempre en el subterráneo, allí en el techo. Estando de cabeza no más de 5 minutos (tenían que haberla visto de gala, por primera vez con vestido y accesorios y pegada en el techo!!!), una sombra negra la cubrió, de pronto no supo nada más y cayó al piso inconsciente.

Como a los 10 minutos después Víctor la encontró y suavemente la remeció para despertarla (a mí me late que hay onda...!!).

-Marisa.... oye Marisa!!! Despierta!!- 83 lentamente abrió un ojo.
-Un vestido negro!!
-¿Qué??
-Un vestido negro, eso fue lo último que vi antes de caer, creo que tiene algo que ver en todo esto. Mira, un pelo de Hurón!!

Levantaron la vista y observaron un rastro con las ropas topísimas que el hurón llevaba al perderse. El rastro se dirigía a las escaleras, que por suerte eran el sitio preferido de 83, pues así, por las marcas en la escalera (aunque sinceramente no era necesario ser detective, porque es tan poca gente la que usa las escaleras que todo queda marcado en el piso) encontraron un rastro que siguieron: el único par de huellas existente que terminó al llegar a la azotea.

Entraron (o más bien salieron), hacía frío. En la noche la azotea es un lugar con muchos recovecos donde ocultarse. Un escalofrío espeluznante recorrió la espina de 83... se podía resfriar.

-Parece desierto. ¿Nos habremos equivocado?- dijo.

Entonces se apoyo en un montón de cajas apiladas cerca de la puerta, con tal suerte que la caja de arriba se movió, la que a su vez movió la palanca de una máquina transportadora de cosas que se puso en movimiento, tomó un tarro de algo y lo trasladó por el aire; en el trayecto chocó contra otro montón de cajas apiladas en el borde del mirador.

-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!!!!- Se escuchó y luego de un PUM!!!!! seco, todo quedó en silencio.

Marisa estaba atónita, inmóvil y con los ojos bien cerrados cuando escuchó un sonido familiar. Desde entre las cajas apareció como aturdido el pequeño hurón vestido de negro con un sombrerito de punta del mismo tono, seguido de Ultravati en las mismas condiciones (pero con menos estilo).

Víctor tomó a Orión entre sus brazos (curiosamente el hurón no se molestó) y 83 a Ultravati. Así bajaron por las escaleras hasta el departamento de Leeloo, quien, rebosante de alegría, dio por fin comenzó el megaevento del milenio!!!! (o por lo menos de la cuadra), la mejor fiesta en mucho, muuuucho tiempo.

Un peludo rescate (Parte I)

Un día cualquiera, luego de terminar una misión, Marisa (83), se dirigía a su departamento cuando, escuchó una voz chillona que le perseguía, era su amiga Leeloo y su ratón alargado, que desde el tercer piso (iban en el 10), la seguía llamándola (¿recuerdan que les dije que a 83 le gustaba la escalera??).

- Leeloo!! Cómo estás?, perdona, no te había escuchado.
- Hahaha eee hahaha- jadeaba Leeloo, y para qué mencionar lo cansado que estaba el animalito.
Luego de 20 minutos de espera, y sentadas en la escalera, Leeloo dijo al fin:

- Te llamaba para invitarte a un evento que voy a hacer con todos los vecinos en mi departamento esta noche para celebrar la inauguración del edificio.

- Pero si el edificio se inauguró hace más de 1 año!!

- Si, pero recién el viernes se mudó el inquilino del departamento 1301. Con eso ya estamos todos. Así es que tuve que preparar todo muy rápido.

- ¿No era más fácil invitarme por teléfono??

- Traté, pero tu grabadora de voz me pidió contraseña.

- Si, es una nueva aplicación de seguridad que instalaron desde mi agencia... de cultivo de hongos ... si para proteger la seguridad de los hongos...eh.

En muy poco tiempo Leeloo y Marisa se habían hecho muy amigas, pero Marisa temía aún decirle toda la verdad con respecto a su verdadero empleo, y, por cierto, se sentía muy culpable de tener que mentirle. Por ello, decidió ayudarle en aquel evento tan importante para ella, pese a que Marisa no gustaba mucho de las aglomeraciones de gente. Como fuere, se ofreció a acompañarla a invitar al vecino nuevo a la mentada reunión.

- Ding-Dong !!!!!, sonó el timbre del departamento 1301.

Entonces se sintió el sonido de una computadora, un pestillo de seguridad y una puerta de corredera, al tiempo que un láser salió disparado desde el centro de la puerta del departamento a toda velocidad, el cual 83 gracias a su supervelocidad logro esquivar, pero que fue a dar directamente al ojo de Leeloo.

- Ah!!!!!- gritó la pobre de puro dolor (uy!!!! hasta a mí me dolió).

En eso la puerta se abre y aparece tras ella el sujeto más apuesto que Marisa hubiese visto en su vida (aunque en realidad no miraba mucho... con eso de que trabajaba en un laboratorio...)... En todo caso si Leeloo pudiese mirar no creo que fuera precisamente de su estilo, pero a Marisa la impresionó... Si tuviera el diplomado de Narrador Omnisciente (No corren muchas becas que digamos), sabría qué pensó él, pero hasta ahí me llegó la copucha.

- Perdón – dijo el joven- voy por hielo, pasen.

En medio de la confusión nadie notó que el pequeño hurón había desaparecido...

Cuando el caos fue sucedido por la calma, y la calma fue reemplazada por el llanto y la histeria, Marisa decidió que debía hacer una investigación para encontrar al animalito. Entre los 3 llegaron al acuerdo de que la fiesta debía seguir en curso con el fin de que nadie notara la desaparición de Orión para que no se entorpeciera la investigación. Estaba más que claro que esto era un secuestro. Orión jamás se separaba de su dueña (aunque por alguna extraña razón dejaba que Marisa lo acariciara).