La hora pasaba y no había luces del hurón con estilo. Víctor, el vecino nuevo, cooperaba con la búsqueda con mucho interés y precisión, tanta que 83 empezaba a sospechar que tenía algo que ver con el secuestro. De todos modos prefirió tenerlo cerca por si cometía algún error que lo delatara... según ella, porque yo creo que el asunto es netamente hormonal.
En fin, la hora pasaba como por acto de magia, y nada con el hurón. Leeloo se maquillaba y desmaquillaba (es que se le corría el maquillaje) entre llantos desesperados esperando noticias; los invitados empezaban a llegar y todo se desmoronaría si 83 no obtenía resultados pronto. Había enviado a Ultravati (su quiltro) en misión, pero este también había desaparecido... las cosas se le escapaban de las manos y el asunto se volvió personal.
Decidió calmar la mente “es lo mejor en estos casos” pensó, y se fue al rincón de siempre en el subterráneo, allí en el techo. Estando de cabeza no más de 5 minutos (tenían que haberla visto de gala, por primera vez con vestido y accesorios y pegada en el techo!!!), una sombra negra la cubrió, de pronto no supo nada más y cayó al piso inconsciente.
Como a los 10 minutos después Víctor la encontró y suavemente la remeció para despertarla (a mí me late que hay onda...!!).
-Marisa.... oye Marisa!!! Despierta!!- 83 lentamente abrió un ojo.
-Un vestido negro!!
-¿Qué??
-Un vestido negro, eso fue lo último que vi antes de caer, creo que tiene algo que ver en todo esto. Mira, un pelo de Hurón!!
Levantaron la vista y observaron un rastro con las ropas topísimas que el hurón llevaba al perderse. El rastro se dirigía a las escaleras, que por suerte eran el sitio preferido de 83, pues así, por las marcas en la escalera (aunque sinceramente no era necesario ser detective, porque es tan poca gente la que usa las escaleras que todo queda marcado en el piso) encontraron un rastro que siguieron: el único par de huellas existente que terminó al llegar a la azotea.
Entraron (o más bien salieron), hacía frío. En la noche la azotea es un lugar con muchos recovecos donde ocultarse. Un escalofrío espeluznante recorrió la espina de 83... se podía resfriar.
-Parece desierto. ¿Nos habremos equivocado?- dijo.
Entonces se apoyo en un montón de cajas apiladas cerca de la puerta, con tal suerte que la caja de arriba se movió, la que a su vez movió la palanca de una máquina transportadora de cosas que se puso en movimiento, tomó un tarro de algo y lo trasladó por el aire; en el trayecto chocó contra otro montón de cajas apiladas en el borde del mirador.
-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!!!!- Se escuchó y luego de un PUM!!!!! seco, todo quedó en silencio.
Marisa estaba atónita, inmóvil y con los ojos bien cerrados cuando escuchó un sonido familiar. Desde entre las cajas apareció como aturdido el pequeño hurón vestido de negro con un sombrerito de punta del mismo tono, seguido de Ultravati en las mismas condiciones (pero con menos estilo).
Víctor tomó a Orión entre sus brazos (curiosamente el hurón no se molestó) y 83 a Ultravati. Así bajaron por las escaleras hasta el departamento de Leeloo, quien, rebosante de alegría, dio por fin comenzó el megaevento del milenio!!!! (o por lo menos de la cuadra), la mejor fiesta en mucho, muuuucho tiempo.
En fin, la hora pasaba como por acto de magia, y nada con el hurón. Leeloo se maquillaba y desmaquillaba (es que se le corría el maquillaje) entre llantos desesperados esperando noticias; los invitados empezaban a llegar y todo se desmoronaría si 83 no obtenía resultados pronto. Había enviado a Ultravati (su quiltro) en misión, pero este también había desaparecido... las cosas se le escapaban de las manos y el asunto se volvió personal.
Decidió calmar la mente “es lo mejor en estos casos” pensó, y se fue al rincón de siempre en el subterráneo, allí en el techo. Estando de cabeza no más de 5 minutos (tenían que haberla visto de gala, por primera vez con vestido y accesorios y pegada en el techo!!!), una sombra negra la cubrió, de pronto no supo nada más y cayó al piso inconsciente.
Como a los 10 minutos después Víctor la encontró y suavemente la remeció para despertarla (a mí me late que hay onda...!!).
-Marisa.... oye Marisa!!! Despierta!!- 83 lentamente abrió un ojo.
-Un vestido negro!!
-¿Qué??
-Un vestido negro, eso fue lo último que vi antes de caer, creo que tiene algo que ver en todo esto. Mira, un pelo de Hurón!!
Levantaron la vista y observaron un rastro con las ropas topísimas que el hurón llevaba al perderse. El rastro se dirigía a las escaleras, que por suerte eran el sitio preferido de 83, pues así, por las marcas en la escalera (aunque sinceramente no era necesario ser detective, porque es tan poca gente la que usa las escaleras que todo queda marcado en el piso) encontraron un rastro que siguieron: el único par de huellas existente que terminó al llegar a la azotea.
Entraron (o más bien salieron), hacía frío. En la noche la azotea es un lugar con muchos recovecos donde ocultarse. Un escalofrío espeluznante recorrió la espina de 83... se podía resfriar.
-Parece desierto. ¿Nos habremos equivocado?- dijo.
Entonces se apoyo en un montón de cajas apiladas cerca de la puerta, con tal suerte que la caja de arriba se movió, la que a su vez movió la palanca de una máquina transportadora de cosas que se puso en movimiento, tomó un tarro de algo y lo trasladó por el aire; en el trayecto chocó contra otro montón de cajas apiladas en el borde del mirador.
-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!!!!- Se escuchó y luego de un PUM!!!!! seco, todo quedó en silencio.
Víctor tomó a Orión entre sus brazos (curiosamente el hurón no se molestó) y 83 a Ultravati. Así bajaron por las escaleras hasta el departamento de Leeloo, quien, rebosante de alegría, dio por fin comenzó el megaevento del milenio!!!! (o por lo menos de la cuadra), la mejor fiesta en mucho, muuuucho tiempo.

1 comentario:
Esto no se quedará así, Jakhalira volverá por ese hurón!!
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