martes, 12 de junio de 2007

Sucesos freak.

Si bien la fiesta en cuestión era lo más propicio para celebrar el regreso de Orión, no era lo que podríamos llamar una fiesta muy "normal"... Y eso que yo he ido a carretes más reventados que los de Pinilla, unos que hacen todos los 27 de cada mes en la sede de la comunidad de narradores, que por cierto son secret... ehhh...perdón... omítanlo.

La cosa es que cuando Leeloo vio a Orión, parecía digno de los reencuentros de las películas. Como que todo se movía en cámara lenta. Lo suficientemente lento como para comerse un lomito-palta-mayo. Pero no tan lento como para tener tiempo de viajar en Transantiago, ja!

Orión, si bien estaba tan cariñoso como siempre, no era el mismo hurón de otros días. Era un hurón no-hurón (bueno, ni que el parámetro previo fuera muy normal, como ya saben, este hurón tenía su propio estilo)

En el departamento de Leeloo todos estaban carreteando felices. El conserje charlaba amenamente con la señora gordita del aseo (al parecer hay onda... o bien pelaban a todos), los propietarios del 721 hablaban con los del 435 sobre lo grandes que están sus hijos (por qué esa obsesión de los matrimonios de hablar de los hijos...tan reducida y fome es el resto de su vida?), la estudiante de odontología que vive en el 681 observaba sobre sus gafas con cara de incrédula y mientras se hacía un rulo en el pelo (un acto obsesivo-compulsivo muy propio) a una señora del 647 que se sonrojaba porque le ofrecían vodka naranja ("yo no tomo" decía la mujer...agua!!), por otro lado la niña del 349 le contaba al chico del 812 sobre cómo se había torcido 5 veces en una semana el mismo pie.

Y claro... Marisa conversaba de lo lindo con Víctor. Hablaban, pero hasta ahí no más. Como que no ahondaban mucho en su vida privada, no sé porqué (yo tampoco tengo el diplomado de narrador omnisciente) Al menos hablaron mucho del clima, de películas recién estrenadas, el Transantiago, libros de ciencia, programas de TV de antaño y de deliciosas recetas en base a paprica.

En un momento, Leeloo se acercó a tomar en brazos a Orión, y apenas lo tocó le dió fuerte la corriente. "Damn it" exclamó (no lo traduciré porque no es horario para mayores de 18 años, pero es algo así como "rayos y centellas") El mamífero la miró con cara de perdón, pero eso no fue lo más raro. Lo realmente raro es que Leeloo juraría que los ojos de Orión estaban de color verde fosforecente, de ese tono radioactivo que se ve en la tele.

Durante el resto de la fiesta todo siguió con relativa normalidad. Pero a la mañana siguiente pasó nuevamente algo raro. Mientras Leeloo se alisaba el cabello minuciosamente frente al espejo, creyó escuchar una voz aguda que tarareaba una canción de Black Eyed Peas (ella frecuentemente ponía un DVD con sus canciones).

-"Definitivamente me hace falta glucosa...estoy imaginando locuras"- pensó la chica, mientras miraba suspicazmente a Orión.

Y esa misma mañana, mientras tomaba desayuno se dió cuenta que olvidó sacar del mueble los cereales. Iba a buscarlos, pero sonó el teléfono. Era Marisa, quien llamaba para preguntarle si necesitaba ayuda para ordenar el desorden de la fiesta, a lo que Leeloo aceptó gustosa, es que los quehaceres domésticos definitivamente no eran su fuerte.

En cuanto colgó el teléfono, se dirigió al comedor y... sorpresa! los cereales estaban justo en la mesa y Orión en la silla de al lado...

Cualquier cristiano pensaría que el hurón fue por los cereales... y Leeloo también lo pensó por una fracción de segundos, pero vamos... es imposible! Así que prefirió optar por no pensar en los extraños sucesos, al menos por ahora.

martes, 15 de mayo de 2007

Un peludo rescate (Parte II)

La hora pasaba y no había luces del hurón con estilo. Víctor, el vecino nuevo, cooperaba con la búsqueda con mucho interés y precisión, tanta que 83 empezaba a sospechar que tenía algo que ver con el secuestro. De todos modos prefirió tenerlo cerca por si cometía algún error que lo delatara... según ella, porque yo creo que el asunto es netamente hormonal.

En fin, la hora pasaba como por acto de magia, y nada con el hurón. Leeloo se maquillaba y desmaquillaba (es que se le corría el maquillaje) entre llantos desesperados esperando noticias; los invitados empezaban a llegar y todo se desmoronaría si 83 no obtenía resultados pronto. Había enviado a Ultravati (su quiltro) en misión, pero este también había desaparecido... las cosas se le escapaban de las manos y el asunto se volvió personal.

Decidió calmar la mente “es lo mejor en estos casos” pensó, y se fue al rincón de siempre en el subterráneo, allí en el techo. Estando de cabeza no más de 5 minutos (tenían que haberla visto de gala, por primera vez con vestido y accesorios y pegada en el techo!!!), una sombra negra la cubrió, de pronto no supo nada más y cayó al piso inconsciente.

Como a los 10 minutos después Víctor la encontró y suavemente la remeció para despertarla (a mí me late que hay onda...!!).

-Marisa.... oye Marisa!!! Despierta!!- 83 lentamente abrió un ojo.
-Un vestido negro!!
-¿Qué??
-Un vestido negro, eso fue lo último que vi antes de caer, creo que tiene algo que ver en todo esto. Mira, un pelo de Hurón!!

Levantaron la vista y observaron un rastro con las ropas topísimas que el hurón llevaba al perderse. El rastro se dirigía a las escaleras, que por suerte eran el sitio preferido de 83, pues así, por las marcas en la escalera (aunque sinceramente no era necesario ser detective, porque es tan poca gente la que usa las escaleras que todo queda marcado en el piso) encontraron un rastro que siguieron: el único par de huellas existente que terminó al llegar a la azotea.

Entraron (o más bien salieron), hacía frío. En la noche la azotea es un lugar con muchos recovecos donde ocultarse. Un escalofrío espeluznante recorrió la espina de 83... se podía resfriar.

-Parece desierto. ¿Nos habremos equivocado?- dijo.

Entonces se apoyo en un montón de cajas apiladas cerca de la puerta, con tal suerte que la caja de arriba se movió, la que a su vez movió la palanca de una máquina transportadora de cosas que se puso en movimiento, tomó un tarro de algo y lo trasladó por el aire; en el trayecto chocó contra otro montón de cajas apiladas en el borde del mirador.

-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!!!!- Se escuchó y luego de un PUM!!!!! seco, todo quedó en silencio.

Marisa estaba atónita, inmóvil y con los ojos bien cerrados cuando escuchó un sonido familiar. Desde entre las cajas apareció como aturdido el pequeño hurón vestido de negro con un sombrerito de punta del mismo tono, seguido de Ultravati en las mismas condiciones (pero con menos estilo).

Víctor tomó a Orión entre sus brazos (curiosamente el hurón no se molestó) y 83 a Ultravati. Así bajaron por las escaleras hasta el departamento de Leeloo, quien, rebosante de alegría, dio por fin comenzó el megaevento del milenio!!!! (o por lo menos de la cuadra), la mejor fiesta en mucho, muuuucho tiempo.

Un peludo rescate (Parte I)

Un día cualquiera, luego de terminar una misión, Marisa (83), se dirigía a su departamento cuando, escuchó una voz chillona que le perseguía, era su amiga Leeloo y su ratón alargado, que desde el tercer piso (iban en el 10), la seguía llamándola (¿recuerdan que les dije que a 83 le gustaba la escalera??).

- Leeloo!! Cómo estás?, perdona, no te había escuchado.
- Hahaha eee hahaha- jadeaba Leeloo, y para qué mencionar lo cansado que estaba el animalito.
Luego de 20 minutos de espera, y sentadas en la escalera, Leeloo dijo al fin:

- Te llamaba para invitarte a un evento que voy a hacer con todos los vecinos en mi departamento esta noche para celebrar la inauguración del edificio.

- Pero si el edificio se inauguró hace más de 1 año!!

- Si, pero recién el viernes se mudó el inquilino del departamento 1301. Con eso ya estamos todos. Así es que tuve que preparar todo muy rápido.

- ¿No era más fácil invitarme por teléfono??

- Traté, pero tu grabadora de voz me pidió contraseña.

- Si, es una nueva aplicación de seguridad que instalaron desde mi agencia... de cultivo de hongos ... si para proteger la seguridad de los hongos...eh.

En muy poco tiempo Leeloo y Marisa se habían hecho muy amigas, pero Marisa temía aún decirle toda la verdad con respecto a su verdadero empleo, y, por cierto, se sentía muy culpable de tener que mentirle. Por ello, decidió ayudarle en aquel evento tan importante para ella, pese a que Marisa no gustaba mucho de las aglomeraciones de gente. Como fuere, se ofreció a acompañarla a invitar al vecino nuevo a la mentada reunión.

- Ding-Dong !!!!!, sonó el timbre del departamento 1301.

Entonces se sintió el sonido de una computadora, un pestillo de seguridad y una puerta de corredera, al tiempo que un láser salió disparado desde el centro de la puerta del departamento a toda velocidad, el cual 83 gracias a su supervelocidad logro esquivar, pero que fue a dar directamente al ojo de Leeloo.

- Ah!!!!!- gritó la pobre de puro dolor (uy!!!! hasta a mí me dolió).

En eso la puerta se abre y aparece tras ella el sujeto más apuesto que Marisa hubiese visto en su vida (aunque en realidad no miraba mucho... con eso de que trabajaba en un laboratorio...)... En todo caso si Leeloo pudiese mirar no creo que fuera precisamente de su estilo, pero a Marisa la impresionó... Si tuviera el diplomado de Narrador Omnisciente (No corren muchas becas que digamos), sabría qué pensó él, pero hasta ahí me llegó la copucha.

- Perdón – dijo el joven- voy por hielo, pasen.

En medio de la confusión nadie notó que el pequeño hurón había desaparecido...

Cuando el caos fue sucedido por la calma, y la calma fue reemplazada por el llanto y la histeria, Marisa decidió que debía hacer una investigación para encontrar al animalito. Entre los 3 llegaron al acuerdo de que la fiesta debía seguir en curso con el fin de que nadie notara la desaparición de Orión para que no se entorpeciera la investigación. Estaba más que claro que esto era un secuestro. Orión jamás se separaba de su dueña (aunque por alguna extraña razón dejaba que Marisa lo acariciara).

viernes, 6 de abril de 2007

Noches de luna llena


Las noches de luna llena son del todo especiales para Jakhalira. Se levanta como a eso de las 00:00 hrs. (durante el día habitualmente duerme) para hacer sus conjuros y preparar sus pócimas. Ahora siempre está sola, antes la acompañaba un gato negro, casi tan negro como el corazón de su ama. De ese animal no se sabe hace tiempo, yo lo conocí poco antes de que se le escabullera una madrugada por una de las tenebrosas ventanas de la antigua casa. Desde entonces ¡ni rastros de él!. Ella derramó una lágrima cuando se dio cuenta de que ya no estaba. Todavía lo recuerdo ¡porque ha sido la única lágrima que la he visto derramar en su vida!; fue bien extraño, yo pensé que esta mujer lo buscaría, pero nada, lo dejó ir con una resignación que paraba los pelos. No sé qué pasa por la cabeza de esta tipa, es tan rara!, parece que su comportamineto tiene algo que ver con la luna, en fin! creo que lo sabré cuando por fin junte plata y pueda hacer el diplomado en "Narración Omnisciente" que tanto anhelo, por el momento tendré que conformarme con describir sus pasos e interpretar lo que ellos significan...mmm... en qué estaba???, ah sí!!! las noches de luna llena...pues bien:

La última noche de satélite redondo, gordito, rellenito (no puedo decir "luna llena" de nuevo, en la Academia nos enseñaron a utilizar sinónimos de modo que no se reiteren las mismas palabras) salió a caminar por su nuevo edificio, subió por las escaleras pensando al parecer en algo (quién sabe en qué, ya dije que no soy omnisciente), con sus manos negramente enguantadas sujetó la cola de su largo vestido verde azulado con encajes burdeos (vaya combinación!) y se dispuso a merodear por los pasillos silenciosos del edificio. De pronto divisó una de las puertas levemente entreabierta, se quedó afuera escuchando sigilosamente. En la habitación 2 mujeres conversaban, la voz de una de ellas era bastante aguda (casi chillona) y la de la otra tenía un acento extranjero (maya?, azteca?, no sé mucho de idiomas), de pronto Jakhalira bajó la vista y se agachó para llamar a un extraño animalito, parecido a un ratón pero con gorro y ...¡¡¡jeans!!!.

- Ven para acá animalito-le decía mientras lo atraía hacia ella.

Pobre, parecía hechizado.

Desde el interior la voz aguda llamaba: "Orión, Orión, ven a despedirte de nuestra nueva amiga!, Vamos!! no seas grosero, Marisa quiere darte un beso. Orión , Orión!!!"

Pero el pseudo ratón (que por lo visto se llamaba Orión) ya no estaba...y como era de esperar... Jakhalira tampoco...

jueves, 15 de marzo de 2007

Un trauma peludo.

AAAAHHHH... ñam ñam ñam... Pucha que tengo sueño... Anoche se realizó la 943ª reunión de la NANA (Asociación Nacional de Narradores Anónimos... sí, lo correcto sería ANNA, pero es raro tener una agrupación con nombre de mina, pierde la seriedad, me entienden?) La cosa es que ya que se realiza anualmente, la fiesta siempre es en grande (corren muchas lucas en este rubro) así que nadie se la pierde, incluso los que al otro día tenemos que trabajar... claro que ahora me viene el remordimiento por esas copas de Flor de Caña... y vaya qué lo es!!!

En fin, a lo nuestro...

Como cada sábado en la mañana, la loca freak... perdón, Leeloo, salió del edificio rumbo a "Sudando la gota gorda", el gimnasio donde practica su deporte favorito: el Kendo.

Esto a raíz de la película Kill Bill. La primera vez que la vió en el cine, quedó rayando la papa (por no decir "obsesionada"... rayos, era al revés). Alucinó con la protagonista, Beatrix. Es que le parecía demasiado seca en eso de hacer justicia por sus propias manos. Creo que en total la ha visto unas 1349 veces (sumando parte 1 y 2) Tanto le encanta que en su cumpleaños pasado, se mandó a hacer un traje amarillo idéntico al de Beatrix, luego hizo una fiesta de disfraces donde Orión también tenía su propio traje a escala, como es lo usual.

Llegando al gimnasio, se encuentra con su instructor, un viejecillo, el señor Miyagi. Debe tener todos los años del mundo... y más, pero así y todo es muy ágil. En el fondo es amable, pero como maestro de kendo es demasiado estricto. Su entrenamiento es, cómo decirlo... poco convencional. El otro día obligó a Leeloo a permanecer horas sobre una barra de 15 cm de ancho, a unos 3 metros del suelo (donde habían muchas arañas pollito), esto como una forma de superar el vértigo de la chica. Al final, superó en parte el vértigo, pero generó más fobia aún a las arañas.

Durante el entrenamiento de hoy, se dedicaron al arte de la katana, al principio se parte eso sí con un simil de madera, la idea no es cortarle la cabeza a nadie, porque podría manchar con sangre el tatami traído directo desde Ishikawa y la limpieza sale un ojo de la cara.

Terminando la sesión, Leeloo se dirigió a los camarines. Cuando se acercó al lavamanos, notó algo horrible... una escena que sólo en pesadillas ve: habían pelos en el lavamanos. Pelos crespos, largos y notoriamente teñidos con tintura barata (cómo lo sabe, pregúntenle a ella, no a mí). Tras la arcada inicial, abrió rápidamente la llave y dejó correr el agua.

Es que Leeloo tenía cierta repulsión a los cabellos ajenos botados por ahí. Era una de las cosas que consideraba más asquerosa. Con los suyos no tenía problemas, era el hecho de acercarse a pelos de cabezas de quizás qué personas. Podría tratarse de cabellos de una mujer que no se hacía masaje capilar, de una niña que jugó todo el día en la tierra, de un calvo que usaba sus pocos pelos laterales peinados hacia el lado para disimular su cabeza de rodilla, o podría ser de algún hippie que no utilizaba acondicionador (casi un pecado)

Para olvidar ese trauma del minuto, pasó al Mall a comprarse un par de zapatillas que hicieran juego con el esmalte de uñas color vainilla que compró la semana pasada. Tras horas de indecisión y poco antes que la vendedora se suicidara, optó por un Dolce & Gabbana con aplicaciones doradas (discretas claro, la idea no es parecer enchulada) y se fue feliz a casa.

Al llegar al 1520, Orión la recibió con brincos, ambos sabían que era hora de ver algo que hace semanas agendaron... la Maratón del Hurón, por Animal Planet. Sencillamente, imperdible.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Una historia de Supersecretos y Vecinos

¿Ya?, ¿estoy al aire?... cof, cof...

Y así fue como Ana Días pasó de ser una persona poco común a una menos común.

Despertó un día viernes a las 6:30 PM y sólo alcanzó a ver un flash que disparaba un hombre vestido de traje negro. Desde entonces su vida cambió, aunque ella no lo recuerda.

Su nuevo nombre es Marisa Travis, y aunque aún no se explica por qué su padre tiene apellido Días, ella supone que siempre se ha llamado igual. Ahora trabaja para la CIA en la sucursal de Santiago, específicamente en un grupo secreto llamado los “Hombres Y“, integrado sólo por mujeres ¿?; su número de agente es el 7.987.657.865.467.437.546.574.646.538.569.182.370,83, pero de cariño le dicen 83.

La cede oficial de reunión de los “Hombres Y” queda en el zócalo 3 del Vaticano desde donde se comunican diariamente a la vatioficina ubicada en Bandera 733. Cuenta además con el vatimóvil de la compañía y a veces con el papamóvil también.

¿Recuerdan ahora el departamento de 83, específicamente el baño y ese espejo misterioso? Bueno, ese espejo resulta ser una puerta de corredera que al mover a la derecha enseña un complejo tablero electrónico del tamaño de la falange distal del ortejo menor de la palma de la mano izquierda, que al encenderlo muestra números formados con luces de láser verdes que sobresalen de la pared para introducir la contraseña con el sólo hecho de tocar la luz en la secuencia indicada, y además muestra la fecha y la hora... pero de Sumatra (!!). Allí se introduce el password, que siendo este correcto, arroja un juego de Sudoku en nivel “Hard” que sólo luego de ser resuelto permite el paso a la habitación adyacente y ultra secreta de 83. El problema es que es tan secreta que ni yo puedo entrar... fregaron.

Pero allí viene 83!!! Lo sé porque Ultravati, su súper mascota (un quiltro de no más de 20 cms. de largo y 15 de alto) está meneando la cola.


Abajo, justo en la puerta del vestíbulo está parada 83. Hace 2 semanas que se mudó a este apartamento y otra vez se le dio vuelta el mapa, mientras pensaba que por qué le habrán puesto Transantiago al Transantiago se dispuso a preguntar al conserje por la ubicación de la escalera (es muy deportista), cuando se sintió un estruendo y griteríos a sus espaldas. Miró por el ventanal y alcanzó a ver con su súper vista y oír con su súper oído la discusión acalorada por algo de un reloj que sostenía una mujer vestida de negro con un tipo de overol cuyo logotipo decía ser de la empresa “El que rompe paga”, misma empresa que vio hace un par de días con la misma mujer gritando desde el elevador del edificio.

- Ojala no me toque por vecina!! - pensó mientras se disponía nuevamente a preguntar por la ubicación de las escaleras, cuando se tropezó con un hurón de sombrero y sweater rojo (por cierto, mejor vestido que ella) que cruzaba el vestíbulo.

Desde el piso, pudo ver como el animalito corría, hacia una chica vestida igual al ferret, pero con falda, por entre la serie de libros que salieron despedidos por el aire gracias al tropezón. La chica se acercó preocupada.

- ¿Se te quebró alguna uña??- preguntó
- ... ... ah?...
- Te pregunto si se te quebró alguna uña – repitió la chica
- Eh... no... creo que no... – respondió 83 parándose torpemente del suelo.
- Qué bueno, entonces estás bien.
- ... ¿?...

Sin entender mucho la conversación que acababan de sostener, pero agradecida de la preocupación de la joven, decidió sostener una plática porque, según 83, era hora de conocer a los vecinos. Así supo que la mujer que peleaba afuera era la nueva inquilina del departamento del subterráneo.

- Voy a tener que tomar pastillas para la memoria - se dijo a sí misma pues no recordaba que hubiese algún departamento en el estacionamiento.

Ese fue el comienzo de una amistad bastante extraña entre 83 y Leeloo, la chica del hurón.

jueves, 8 de marzo de 2007

¡El que rompe paga! (carta furibunda)

Incompetentes Srs. de la despreciable Empresa de Mudanzas “El que rompe paga”:

Es de esperar que se encuentren Uds. pésimo.
Como recordarán, contraté sus servicios hace un par de días para que trajeran mis valiosas pertenencias a mi nuevo departamento ubicado en pleno centro de esta repulsiva ciudad, recordarán también que en aquélla instancia EXIGÍ que éstas fueran tratadas con suma delicadeza. Pues bien, tal como sospechaba, sus rudimentarios cerebritos no lograron procesar tan simple orden y hoy mientras ordenaba mi nuevo y subterráneo hogar he descubierto que una de mis costosísimos y antiquísimos relojes de péndulo fue mutilado en uno de sus bordes, comprenderán que tan grave error no quedará impune, así que más les vale que tengan ahorros ¡¡¡¡¡maldita tropa de inútiles!!!!.
Estaré esperando sus respuestas y, por supuesto, esperando la reposición de mi reliquia, de lo contrario no se extrañen si su suerte cambia repentinamente (no para mejor, por supuesto).

Jakhalira L.

martes, 6 de marzo de 2007

"...Andaba de parranda..."

Hola!! Soy el narrador de reemplazo, el narrador de esta historia se tomó un día administrativo y me llamaron a mí. Este es mi primer día de trabajo con contrato, ayer lo firmé... estoy muy emocionado, he estudiado mucho... snif!!... Ok, basta de lloriqueos de vieja mañosa, cof cof!!, es decir, de dama menopáusica y sigamos con la historia.

En esta oportunidad les hablaré de cierto personaje nada fuera de lo común, o mejor dicho, nada común, que vive en el último piso de este edificio. Desde allí tiene una vista panorámica hermosa en el balcón del único dormitorio, de donde se puede ver toooooda la ciudad, incluso la casa de mi mamá que es una maravillosa casita en... bueno, creo que me salí un poco de la historia... disculpen. Como les iba contando, el apartamento es pequeño, pero acogedor; con sólo una habitación que se reparte entre el living, el comedor y la cocina... ah! además posee un baño muy especial que a simple vista parece un cuarto de baño común y corriente, pero que sospechosamente alberga un enorme espejo que contiene algo más que un reflejo.

El sujeto que vive allí es una mujer como todas... bueno ni tanto... en realidad llama la atención en la calle, pero no precisamente por lo que pensaría la mayoría; es baja, blanca y delgada, siempre lleva toneladas de libros, calza zapatillas y usa jeans además de la infaltable bata blanca y los anteojos ópticos, que le confieren la apariencia típica de ratón de biblioteca, o más bien de “ardilla de biblioteca” porque tiene cara de ardilla que no envejece.

Bueno, este personaje trabajaba en un laboratorio de ciencias químicas y biológicas, experta en química orgánica, esta joven pasaba sus días (y noches) en el laboratorio inventando la cura para el mal de la rodilla tronadora. Se preguntarán qué rayos es eso y para qué requiere tratamiento: la verdad es que sólo se trata del hecho de que la rodilla te suene al moverla y el tratamiento... en realidad no sé pa’ qué, pero ella lo buscaba.

Estando una de esas noches frías, en la que hasta el nochero del laboratorio se iba a dormir, Ana Días (porque así se llama) (Ah! sí es “Días” con “S” ¿?) continuaba afanosamente comiendo chicle para ver si, por osmosis, le llegaba la solución a la ecuación química que tenía en la pizarra de tiza frente a sus ojos. Por el frío y el cansancio acumulado desde la tarde (es buena pa’ dormir), decidió ir en busca de un café cuando miró por la ventana y vió un meteorito verde que se aproximaba a toda velocidad hacia el recinto; retrocedió y entonces la picó una araña radioactiva. Por el dolor, se retorció y fue a parar adentro de una máquina de prototipos de protones paroxísticos que se activó con el movimiento de una mosca que a su vez se introdujo en el aparato. Luego de la conversión en mosca durante un instante (menos mal que fue reversible!!!!!, al menos en la apariencia física), se sintió mareada y aturdida, por lo que se dirigió a una mesa en donde reposaba un vaso con un tentador jugo que bebió hasta no dejar rastro, pero ocurrió que el fantástico jugo sabor naranja-plátano era nada más y nada menos que el combustible ultra energético del Dr. Berusbmlfuch diseñada con el fin ser el nuevo propulsor de los cohetes espaciales de última generación, entonces miró por la ventana nuevamente y en una fracción de segundos pudo ver como el meteorito ingresó al laboratorio destrozándolo todo. Entonces sintió el dolor más intenso que había sentido desde la última vez que se cayó de su bicicleta y todo se volvió negro.

Doce semanas más tarde fue encontrada por los rescatistas bajo los escombros del ala norte del laboratorio y fue llevada al instituto médico legal, específicamente a anatomía patológica para la autopsia. Una vez allí se dio inicio a la cirugía cuando:

- Dr. Brown, ¿podría usted alcanzarme el otro bisturí?, este no corta. Nos hace falta mayor presupuesto gubernamental.
- ¿Está seguro Dr. Klein? Ayer mismo que pasó el afilador de cuchillos se lo dejé para que hiciera lo propio.
- Qué extraño Dr. Brown... Ummmm, ya que está entero aún el cuerpo y antes de que se lo demos a nuestro pequeño criadero de buitres, ¿quiere usted que le muestre los sitios de palpación del pulso?.
- Me parece perfecto Dr. Klein, jamás los logré memorizar, por eso decidí trabajar con muertos.

Lo que pasó entonces ninguno de los facultativos se lo esperó jamás. La muerta no estaba muerta, y era una muestra de que los muertos: o están muertos, o están vivos... y esta muerta estaba bien vivita, así es que la trasladaron silenciosamente a la clínica secreta gubernamental del gobierno para evitar una demanda.

En tal clínica, nuestra muerta, que no estaba muerta, estuvo en coma durante 5 meses, 5 días y 7 horas, y lo que allí aconteció nadie lo sabe. Se rumorea que se hacen investigaciones con humanos, un tal Wolverine inició los cuchicheos.

De hurones, helados y mudanzas

Es posible que con el correr de los días, algunos de ustedes se confundan ante la variedad de narradores presentes en esta historia, y es que pocos lo saben, pero los narradores trabajamos en sistema de turnos. ¿Qué? ¿Acaso creían que un individuo podía estar observando y contando las vivencias de los demás a tiempo completo? No pues… debemos satisfacer ciertas necesidades biológicas. Además, la paga no es tan espectacular como para olvidarnos de nuestras vidas.

Hoy les contaré de otra habitante del edificio, vive por el piso 15. Un tanto absurdo, ya que le tiene fobia a las alturas y sufre de vértigo, pero era necesario si quería alejarse un poco de los ruidos de los autos y tener una vista menos limitada por los edificios del sector.

La chica que vive en el 1520 se llama Leeloo (no, no es léelo, se pronuncia lilú), o sea… “se supone” que así se llama. La verdad su nombre es un misterio. Porque a menos que sus padres hayan sido iluminados por los alienígenas de “El Quinto Elemento”, nadie en su sano juicio le pondrían ese nombre a un ser humano. Se especula que es abreviatura de su real identidad, sólo Dios y su carnè saben cuál será su nombre. Lo cierto es que todos le dicen Leeloo, y en algunos ámbitos de la vida es conocida simplemente como Lee.


Esta chica vive sola, bueno casi, porque tiene un hurón blanco, pero vive sin más seres humanos. Se fue a vivir sola cuando entró a la universidad, donde estudia veterinaria. Y es que Leeloo quizás no tiene grandes aptitudes para matemáticas, química o historia, pero claramente los animales son los suyo. Lo más probable es que si ve una persona y un gato atropellado, corra encima de la persona y rescate al felino, dándole respiración boca a boca si es menester. Definitivamente les tiene un cariño gigante, sobretodo a los hurones, si hasta se inscribió en huronesadictos.com. Los trata como humanos, a su hurón por ejemplo, lo entrenó para ir al baño (sí, su caja de arena está junto al WC), y le sirve su comida en la mesa, porque claro, le enseñó a sentarse en una silla. Incluso algunos rumorean que tiene un par de llaves propio, porque sabe abrir puertas y ventanas.


Hoy la vi saliendo del edificio junto a Orión (su hurón), iban a comprar la revista “Hurones a Montones”, como cada semana. La gente en la calle la debe encontrar un tanto freak (probablemente la palabra que más la representa) es que no todo el mundo pasea un ferret como si fuera perro. Pero ella no está muy preocupada de eso.

Llegando al quiosco, se encontró con la heladería “Viscosos pero sabrosos”, parada obligada: ama los helados. Pero no cualquiera, el de pistacho por ejemplo siempre lo descarta, es que le parece demasiado radioactivo su color, ni que hubiera salido de Chernobyl, muy chillón ese verde. Y con ese colorcito… ¿quién se atrevería a probarlo?

Siguió su camino de regreso, por la sombra, saboreando su “delicia de cookies & cream con chocolate y almendras tostadas, acompañado con salsa de manjar y chispies de chocolate” (si no fuera por su diaria rutina de gimnasio, la verdad sería no una obesa mórbida… sino sórdida!) Iba mirando al suelo, pensando en cuántas hormigas serían necesarias para realizar una fila india que fuera desde Tokio hasta su edificio, cuando de repente nota que a la entrada del mismo, se encontraba un camión de la compañía “El que rompe, paga”. Unos señores fortachones, con overoles color ceniza, iban descargando de forma interminable muebles y cajas de todos los portes, algunas con extraños dibujos.

Nada más claro, “nuevos vecinos” se dijo a sí misma.

Al ingresar al ascensor notó que en vez de subir, bajó al menos 1. “Raro”, pensó, “seguro algún niño travieso apretó el botón antes de irse”. Pero para su sorpresa, sí, alguien había llamado al ascensor desde ese nivel… se encontró de cara con una mujer vestida de negro y con un sombrero color bermellón, de mirada profunda. Musitó un “hola” y el ascensor continuó subiendo, la muy extraña mujer bajó en el hall del edificio, farfullando a los señores de la mudanza que tuvieran más cuidado con las cajas.

Leeloo siguió hasta el piso 15, un tanto curiosa, mientras Orión se había encaramado a sus brazos. El pobre temblaba como si hubiese visto un fantasma.

lunes, 5 de marzo de 2007

El inicio.

Buenas tardes (o noches o mañanas, me da lo mismo, de todos modos no sé qué tienen de buenas).

Si alguien cree que su suerte es mala, conózcanme, antes de nacer estaba ya predestinado a esta podrida fortuna… soy narrador, mis tataratatarabuelos lo eran, y todas las generaciones sucesivas lo han sido… muchos desconocen que ser narrador es un trabajo y ¡vaya si lo es! Y uno de los más asquerosos…vivir en pos del resto, de personajes que se creen principales o secundarios o terciarios... grrrr, es una profesión no valorada y muyyy mal pagada, aunque no puedo negar sus ventajas: gracias al seguro dental que ofrece el Sindicato de Narradores tengo una prótesis de lujo, con unos caninos y premolares mejores que los propios, además a mis hijos les dan regalo para navidad.

Esta mañana a la agencia llegó una nueva historia, a mí me gustan las sanguinarias, ojalá ambientadas en el medioevo o por último futurista, pero qué diantres! Me llegó... esto… aquí va…

Era un edificio común, vulgar, corriente del centro de Santiago, con escaleras, ascensores y por supuesto con gente común, vulgar y corriente…

¡Qué bien!, llegó la hora de irme a casa… que siga el próximo!!!...