martes, 6 de marzo de 2007

"...Andaba de parranda..."

Hola!! Soy el narrador de reemplazo, el narrador de esta historia se tomó un día administrativo y me llamaron a mí. Este es mi primer día de trabajo con contrato, ayer lo firmé... estoy muy emocionado, he estudiado mucho... snif!!... Ok, basta de lloriqueos de vieja mañosa, cof cof!!, es decir, de dama menopáusica y sigamos con la historia.

En esta oportunidad les hablaré de cierto personaje nada fuera de lo común, o mejor dicho, nada común, que vive en el último piso de este edificio. Desde allí tiene una vista panorámica hermosa en el balcón del único dormitorio, de donde se puede ver toooooda la ciudad, incluso la casa de mi mamá que es una maravillosa casita en... bueno, creo que me salí un poco de la historia... disculpen. Como les iba contando, el apartamento es pequeño, pero acogedor; con sólo una habitación que se reparte entre el living, el comedor y la cocina... ah! además posee un baño muy especial que a simple vista parece un cuarto de baño común y corriente, pero que sospechosamente alberga un enorme espejo que contiene algo más que un reflejo.

El sujeto que vive allí es una mujer como todas... bueno ni tanto... en realidad llama la atención en la calle, pero no precisamente por lo que pensaría la mayoría; es baja, blanca y delgada, siempre lleva toneladas de libros, calza zapatillas y usa jeans además de la infaltable bata blanca y los anteojos ópticos, que le confieren la apariencia típica de ratón de biblioteca, o más bien de “ardilla de biblioteca” porque tiene cara de ardilla que no envejece.

Bueno, este personaje trabajaba en un laboratorio de ciencias químicas y biológicas, experta en química orgánica, esta joven pasaba sus días (y noches) en el laboratorio inventando la cura para el mal de la rodilla tronadora. Se preguntarán qué rayos es eso y para qué requiere tratamiento: la verdad es que sólo se trata del hecho de que la rodilla te suene al moverla y el tratamiento... en realidad no sé pa’ qué, pero ella lo buscaba.

Estando una de esas noches frías, en la que hasta el nochero del laboratorio se iba a dormir, Ana Días (porque así se llama) (Ah! sí es “Días” con “S” ¿?) continuaba afanosamente comiendo chicle para ver si, por osmosis, le llegaba la solución a la ecuación química que tenía en la pizarra de tiza frente a sus ojos. Por el frío y el cansancio acumulado desde la tarde (es buena pa’ dormir), decidió ir en busca de un café cuando miró por la ventana y vió un meteorito verde que se aproximaba a toda velocidad hacia el recinto; retrocedió y entonces la picó una araña radioactiva. Por el dolor, se retorció y fue a parar adentro de una máquina de prototipos de protones paroxísticos que se activó con el movimiento de una mosca que a su vez se introdujo en el aparato. Luego de la conversión en mosca durante un instante (menos mal que fue reversible!!!!!, al menos en la apariencia física), se sintió mareada y aturdida, por lo que se dirigió a una mesa en donde reposaba un vaso con un tentador jugo que bebió hasta no dejar rastro, pero ocurrió que el fantástico jugo sabor naranja-plátano era nada más y nada menos que el combustible ultra energético del Dr. Berusbmlfuch diseñada con el fin ser el nuevo propulsor de los cohetes espaciales de última generación, entonces miró por la ventana nuevamente y en una fracción de segundos pudo ver como el meteorito ingresó al laboratorio destrozándolo todo. Entonces sintió el dolor más intenso que había sentido desde la última vez que se cayó de su bicicleta y todo se volvió negro.

Doce semanas más tarde fue encontrada por los rescatistas bajo los escombros del ala norte del laboratorio y fue llevada al instituto médico legal, específicamente a anatomía patológica para la autopsia. Una vez allí se dio inicio a la cirugía cuando:

- Dr. Brown, ¿podría usted alcanzarme el otro bisturí?, este no corta. Nos hace falta mayor presupuesto gubernamental.
- ¿Está seguro Dr. Klein? Ayer mismo que pasó el afilador de cuchillos se lo dejé para que hiciera lo propio.
- Qué extraño Dr. Brown... Ummmm, ya que está entero aún el cuerpo y antes de que se lo demos a nuestro pequeño criadero de buitres, ¿quiere usted que le muestre los sitios de palpación del pulso?.
- Me parece perfecto Dr. Klein, jamás los logré memorizar, por eso decidí trabajar con muertos.

Lo que pasó entonces ninguno de los facultativos se lo esperó jamás. La muerta no estaba muerta, y era una muestra de que los muertos: o están muertos, o están vivos... y esta muerta estaba bien vivita, así es que la trasladaron silenciosamente a la clínica secreta gubernamental del gobierno para evitar una demanda.

En tal clínica, nuestra muerta, que no estaba muerta, estuvo en coma durante 5 meses, 5 días y 7 horas, y lo que allí aconteció nadie lo sabe. Se rumorea que se hacen investigaciones con humanos, un tal Wolverine inició los cuchicheos.

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