
Si bien la fiesta en cuestión era lo más propicio para celebrar el regreso de Orión, no era lo que podríamos llamar una fiesta muy "normal"... Y eso que yo he ido a carretes más reventados que los de Pinilla, unos que hacen todos los 27 de cada mes en la sede de la comunidad de narradores, que por cierto son secret... ehhh...perdón... omítanlo.
La cosa es que cuando Leeloo vio a Orión, parecía digno de los reencuentros de las películas. Como que todo se movía en cámara lenta. Lo suficientemente lento como para comerse un lomito-palta-mayo. Pero no tan lento como para tener tiempo de viajar en Transantiago, ja!
Orión, si bien estaba tan cariñoso como siempre, no era el mismo hurón de otros días. Era un hurón no-hurón (bueno, ni que el parámetro previo fuera muy normal, como ya saben, este hurón tenía su propio estilo)
En el departamento de Leeloo todos estaban carreteando felices. El conserje charlaba amenamente con la señora gordita del aseo (al parecer hay onda... o bien pelaban a todos), los propietarios del 721 hablaban con los del 435 sobre lo grandes que están sus hijos (por qué esa obsesión de los matrimonios de hablar de los hijos...tan reducida y fome es el resto de su vida?), la estudiante de odontología que vive en el 681 observaba sobre sus gafas con cara de incrédula y mientras se hacía un rulo en el pelo (un acto obsesivo-compulsivo muy propio) a una señora del 647 que se sonrojaba porque le ofrecían vodka naranja ("yo no tomo" decía la mujer...agua!!), por otro lado la niña del 349 le contaba al chico del 812 sobre cómo se había torcido 5 veces en una semana el mismo pie.
Y claro... Marisa conversaba de lo lindo con Víctor. Hablaban, pero hasta ahí no más. Como que no ahondaban mucho en su vida privada, no sé porqué (yo tampoco tengo el diplomado de narrador omnisciente) Al menos hablaron mucho del clima, de películas recién estrenadas, el Transantiago, libros de ciencia, programas de TV de antaño y de deliciosas recetas en base a paprica.
En un momento, Leeloo se acercó a tomar en brazos a Orión, y apenas lo tocó le dió fuerte la corriente. "Damn it" exclamó (no lo traduciré porque no es horario para mayores de 18 años, pero es algo así como "rayos y centellas") El mamífero la miró con cara de perdón, pero eso no fue lo más raro. Lo realmente raro es que Leeloo juraría que los ojos de Orión estaban de color verde fosforecente, de ese tono radioactivo que se ve en la tele.
Durante el resto de la fiesta todo siguió con relativa normalidad. Pero a la mañana siguiente pasó nuevamente algo raro. Mientras Leeloo se alisaba el cabello minuciosamente frente al espejo, creyó escuchar una voz aguda que tarareaba una canción de Black Eyed Peas (ella frecuentemente ponía un DVD con sus canciones).
-"Definitivamente me hace falta glucosa...estoy imaginando locuras"- pensó la chica, mientras miraba suspicazmente a Orión.
Y esa misma mañana, mientras tomaba desayuno se dió cuenta que olvidó sacar del mueble los cereales. Iba a buscarlos, pero sonó el teléfono. Era Marisa, quien llamaba para preguntarle si necesitaba ayuda para ordenar el desorden de la fiesta, a lo que Leeloo aceptó gustosa, es que los quehaceres domésticos definitivamente no eran su fuerte.
En cuanto colgó el teléfono, se dirigió al comedor y... sorpresa! los cereales estaban justo en la mesa y Orión en la silla de al lado...
Cualquier cristiano pensaría que el hurón fue por los cereales... y Leeloo también lo pensó por una fracción de segundos, pero vamos... es imposible! Así que prefirió optar por no pensar en los extraños sucesos, al menos por ahora.
La cosa es que cuando Leeloo vio a Orión, parecía digno de los reencuentros de las películas. Como que todo se movía en cámara lenta. Lo suficientemente lento como para comerse un lomito-palta-mayo. Pero no tan lento como para tener tiempo de viajar en Transantiago, ja!
Orión, si bien estaba tan cariñoso como siempre, no era el mismo hurón de otros días. Era un hurón no-hurón (bueno, ni que el parámetro previo fuera muy normal, como ya saben, este hurón tenía su propio estilo)
En el departamento de Leeloo todos estaban carreteando felices. El conserje charlaba amenamente con la señora gordita del aseo (al parecer hay onda... o bien pelaban a todos), los propietarios del 721 hablaban con los del 435 sobre lo grandes que están sus hijos (por qué esa obsesión de los matrimonios de hablar de los hijos...tan reducida y fome es el resto de su vida?), la estudiante de odontología que vive en el 681 observaba sobre sus gafas con cara de incrédula y mientras se hacía un rulo en el pelo (un acto obsesivo-compulsivo muy propio) a una señora del 647 que se sonrojaba porque le ofrecían vodka naranja ("yo no tomo" decía la mujer...agua!!), por otro lado la niña del 349 le contaba al chico del 812 sobre cómo se había torcido 5 veces en una semana el mismo pie.
Y claro... Marisa conversaba de lo lindo con Víctor. Hablaban, pero hasta ahí no más. Como que no ahondaban mucho en su vida privada, no sé porqué (yo tampoco tengo el diplomado de narrador omnisciente) Al menos hablaron mucho del clima, de películas recién estrenadas, el Transantiago, libros de ciencia, programas de TV de antaño y de deliciosas recetas en base a paprica.
En un momento, Leeloo se acercó a tomar en brazos a Orión, y apenas lo tocó le dió fuerte la corriente. "Damn it" exclamó (no lo traduciré porque no es horario para mayores de 18 años, pero es algo así como "rayos y centellas") El mamífero la miró con cara de perdón, pero eso no fue lo más raro. Lo realmente raro es que Leeloo juraría que los ojos de Orión estaban de color verde fosforecente, de ese tono radioactivo que se ve en la tele.
Durante el resto de la fiesta todo siguió con relativa normalidad. Pero a la mañana siguiente pasó nuevamente algo raro. Mientras Leeloo se alisaba el cabello minuciosamente frente al espejo, creyó escuchar una voz aguda que tarareaba una canción de Black Eyed Peas (ella frecuentemente ponía un DVD con sus canciones).-"Definitivamente me hace falta glucosa...estoy imaginando locuras"- pensó la chica, mientras miraba suspicazmente a Orión.
Y esa misma mañana, mientras tomaba desayuno se dió cuenta que olvidó sacar del mueble los cereales. Iba a buscarlos, pero sonó el teléfono. Era Marisa, quien llamaba para preguntarle si necesitaba ayuda para ordenar el desorden de la fiesta, a lo que Leeloo aceptó gustosa, es que los quehaceres domésticos definitivamente no eran su fuerte.
En cuanto colgó el teléfono, se dirigió al comedor y... sorpresa! los cereales estaban justo en la mesa y Orión en la silla de al lado...
Cualquier cristiano pensaría que el hurón fue por los cereales... y Leeloo también lo pensó por una fracción de segundos, pero vamos... es imposible! Así que prefirió optar por no pensar en los extraños sucesos, al menos por ahora.

2 comentarios:
jajaja se puso radiactivo el hurón!!! ... ya quiero ver como te lo intentas llevar jakalira jijiji
jaja, jakhalira se lo llevarà a como dè lugar, la conozco,aunke creo q anda medio enamorada, por eso se le escapò, no sè me contaron...puede q sea cierto o puede q no...
abrazos a mis carolas narradoras!!!, siempre es un gusto compartir este espacio con Uds.
abrazos
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